#35. DEJAR(SE) CAER
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DEJAR(SE) CAER
por Pilar Ocampo
Hace mucho que no sentía los músculos de los antebrazos. Yo entreno, pero les juro que después de hacer bouldering (escalada) me dolieron cosas nuevas. El concepto del bouldering, básicamente, es escalar una pared que tiene distintas inclinaciones y piedras de diferentes colores que indican caminos a seguir e intentar llegar a la cima. Estás atada a un arnés y a una soga que te sujetan a la pared.
Cada color de las piedras indica una dificultad distinta. La idea es que no mezcles colores mientras subís. No vale hacer trampa (dicen). Yo hice lo que pude.
De chica era un mono. Me subía a cuanta cosa había y no me daba miedo ni subir ni bajar. Jugábamos con mis primos a ver quién se subía a los árboles más rápido y me acuerdo que no quería usar vestido para que no se me viera nada mientras jugaba y trepaba por todos lados. Confiaba en mi cuerpo. Jugar era confiar en el cuerpo sin negociar con la cabeza.
Algo que pensaba, y que me dio pena mientras intentaba subir, es que me re olvidé cómo jugar a trepar. Mucha negociación.
Al lado mío había una nena de ocho años que era la versión de Pilu que se subía a todo, sin miedo, sin pensar en los colores de las pistas y con fuerza en los brazos. Hoy mi fuerza de brazos claramente brilla por su ausencia, pero vamos a mejorarla. Esa niña, mi ídola. ¿En qué momento nos olvidamos de cómo jugar? ¿Nos volveremos a acordar?
Pero lo más dificultoso no fue la subida. Fue la indicación de Caro.
“Muy bien, Pilu, ahora para bajar dejate caer”.
¿Qué?
¿DEJATE CAER?
Pero si nos enseñan a subir, no a caer. Nos enseñan a ser mejores, a ir más alto, no a ir para atrás. Pues, mija, hay veces que hay que dejarse caer. Soltar no es rendirse, es cambiar de forma, al menos así lo sentí yo.
Aferrada como si no estuviera atada y fuera el mismo Alex Honnold que subió el rascacielos Taipei 101, tenía que dejarme caer. Aferrarse cansa también, ojo.
Miré para todos lados, como analizando si había otras opciones. Bajar como subí es casi imposible y te cuesta el triple. Dejarte caer es un atentado contra la vida. Imagínense una Pilarcita a varios metros de altura, aferrada a las piedras de colores, pensando todo esto.
Miro para el costado y veo a mi amiga “Niña” dejarse caer como una pluma. Aterrizaje exitoso. Un ejemplo a seguir.
¿Opciones? Ya no hay más opciones. Hay que dejarse caer, confiar en que el arnés y la soga harán su trabajo y te ayudarán a aterrizar sin morir estúpidamente. Qué acto incómodo este de confiar.
Desde la pared me puse a pensar: ¿cuándo fue la última vez que confié así?
Ya no había mucho tiempo para pensar. Me duelen las manos, la fuerza de brazos es dudosa. O salto o me caigo. Y, ante todo, necesito sentir que tengo un mínimo control. Cierro los ojos y me dejo caer.
¿Primera conclusión? No morí :)
¿Segunda conclusión? Fue bastante liberador saltar hacia el vacío.
¿Tercera conclusión? Una puede aprender a confiar y a saltar. Y ya no estoy hablando de la soga.
¿Cuándo fue la última vez que te dejaste caer?
Los dejo con muchas preguntas. Me quedo con preguntas.
Un beso,
Pilu
Junto a @juanjo_herranz de @revista1000palabras organizamos un encuentro para que podamos escribir juntos.
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Y si no estás en Madrid no te preocupes, pronto se vienen cositas online para vos también.
LA FRASE DE LA SEMANA
“Confiar no siempre es subir, a veces es soltar el agarre.”
PODCAST: FIN DE TEMPORADA
Vamos a volver pronto con más entrevistas, mientras tanto podes verlas todas en Youtube:
Feliz domingo!
Euge y Pilu




Es todo un aprendizaje saber delegar y confiar .
Muy buen Pilu , está bueno salir de tu zona de confort y aceptar desafíos , eso es estar VIVA!
❤️🥰