#50. RAFAEL.
Un domingo escribe Pilu, otro domingo escribe Euge. Todos los domingos recibís el Newsletter de Ordenando cuando el reloj marca las 12.30 hs. en Madrid, 8:30 hs. en Buenos Aires.
RAFAEL.
por Euge Tripodi
Le tenías tanto miedo a envejecer, que nunca lo hiciste. Te tomaste muy en serio que la edad es una actitud, y dejaste este mundo “hecho un pibe”. También le tenías pánico al dolor y aprensión a todo lo relacionado con los médicos. Pero los pudiste evitar heroicamente. Te fuiste a días de cumplir 95 y sin tomar ni una pastilla, y como siempre pensamos que pasaría, de un instante a otro, casi sin sufrir. Siempre digo que las malas noticias te sorprenden de atrás un martes cualquiera. No falla.
Hablamos justo dos días antes de que tu corazón diga basta. Me dijiste varias veces que “te había dado una alegría enorme” llamándote. Estoy en un tren lúgubre yendo a tu entierro pensando en todas las que me habías dado vos a mi. Es que creo que nunca había reparado en lo parecidos que éramos, en todo lo que impactaste en quién soy hoy.
Esa capacidad de conocer “a todo el mundo” y excusarte en que es que hablamos mucho porque somos de Géminis. Siempre tan esotéricos y superticiosos. Pero en verdad es porque leías a la gente, te interesabas por sus historias, te acordabas de sus nombres.
Ese orgullo de ser porteños, y vivirlo como una responsabilidad. Si tengo hijos, prometo pasarles tus cátedras de las mejores pizzerías de Buenos Aires. Vos preferías Las Cuartetas, pero insistías en que había que probar todas porque cada una tenía su encanto. Y también prometo recorrer nuestro barrio favorito, el Once, donde fuimos tantos sábados a la mañana en busca de telas, de lanas o de mostacillas, y te saludaban hasta las baldosas.
Me pasaste el disfrute de los mini rituales, como cuando comíamos una porción de pizza nosotros solos mientras esperábamos nuestro pedido y charlábamos con los mozos de El Ombú. Yo siempre de anchoas. Cada vez que como pizza de anchoas me acuerdo de vos.
Me contagiaste la alegría de permitirse cada tanto comprar mini boludeces en un todo por dos pesos o Casa Tía. ¿Te acordas de Casa Tía? Qué retro y noventoso.
- Llévatelo, ¡Qué tanta historia por un juguete! No lo dudabas y lo agregabas al changuito. Ahora se llama SHEIN abuelo, pero la sensación sigue intacta.
Te veo reflejado en esa perseverancia tan cabeza dura y delusional. “Los partidos no terminan hasta que el árbitro pita” - decías. Siempre hay que esperar, que se puede dar vuelta todo en el último minuto”. Ahora entiendo, no estabas hablando sólo de fútbol.
Eso de no dejar que las condiciones políticas del momento sirvan de excusa para forjar el propio destino. Decías que viste pasar de todo y, al final, eran todos “una porquería”; y no quedaba otra que arremangarse y seguir laburando.
Esa valentía de decir ya fué y saltar, que sé que sorprende e incomoda al resto por igual. Como cuando te escapaste de noche del servicio militar, te trepaste a no sé qué torre y escribiste impunemente en la pared: “Adela”. Te prometo que voy acumulando anécdotas de ese estilo para contarle yo a mis nietos.
También la manía de ser tan independiente, con una pizca de desobediencia pícara que experimentabas como otra manifestación de ser libre. De hacer la tuya y confiar en vos.
Y podría seguir listando hasta mañana. Si sé que es por vos que no salgo nunca de casa sin bañarme antes en perfume, por las dudas. Que aunque no lo diga mi CV, tengo un máster en jugar al truco. Que me anoto en todos los planes, “las milongas”como decías vos. Que sos el culpable de que pueda enhebrar agujas en segundos y se me den bien todas las manualidades que requieran manipular hilos en general.
Decías que si hubieras podido estudiar, te hubiese encantado ser abogado. Yo te aseguro, fue mucho más canchero ser sastre. Pero no tengo dudas que hubieras sido un excelente colega, aunque te veía más perfil de “los que litigan”.
Hiciste un gran esfuerzo para me aprenda las calles de microcentro. En esa te fallé, me sigo perdiendo en todos lados. Pero creo que en el lugar que menos me perdí históricamente fue ahí, justo donde todos los demás se perdían.
Hoy, en un momento muy raro, me recordaste con un balde de agua fría que estamos acá de paso. Te puedo escuchar diciendo que los gustos hay que dárselos en vida. Justo cuando se me venía olvidando.
Me dio un poco de vergüenza llorar en el tren mientras escribía esto. Y después me acordé que no, que a vos se te llenaron los ojos de lágrimas en la calle miles de veces. Que no tiene nada de malo, y es otro recordatorio de que somos seres sintientes y estamos vivos.
Como la abuela, te fuiste un junio. Por pocos días no llegaste a la semana de nuestro cumple, qué lástima. Sé que lo van a festejar juntos desde arriba; y que estás contento y aliviado de finalmente, volver a verla. Hasta que nos volvamos a ver nosotros, abue.
LA FRASE DE LA SEMANA
Cuando creemos que la magia está en todos lados, aparecen oportunidades infinitas.
PODCAST: RELACIONES MODERNAS
Escucha RELACIONES MODERNAS con Laureano Giego @laurigiecoo en Spotify y Youtube
Feliz domingo!
Euge y Pilu




